domingo, 6 de mayo de 2018




EL TURISTA.
                                                                                                 Por Joaquín Verdeguer.

No sé si turista viene del griego o del latín. Pero es sorprendente lo tontos que llegan a ser algunos de ellos, dando lecciones a todo el que se le cruza por el camino. Zanzíbar es desde luego uno de esos paraísos que te acoge si quieres desaparecer del mapa, sobre todo la isla de Unguja.

Me había levantado temprano para aprovechar la marea. La calidad del agua cristalina con el turquesa que copia el fondo arenoso es cautivador. Caminaba haciendo slalom entre los Dhow de pescadores que varan sus barcos aprovechando la marea para calafatear sus cascos envejecidos por su labor, el salitre y ese sol de justicia que castiga al incauto. Una pareja venia descalza por la playa discutiendo en catalán. Ella paro en seco delante de uno de esos chiringuitos montados con cuatro palos, dos maderas haciendo de mesa y una docena de palmas  datileras haciendo de cobertizo. Cogió una preciosa caracola y se la puso al oído, no exactamente para oír el sonido del mar, más bien pensé yo que era para no oír al ….. acompañante. (Ya que yo no sabía si era su marido, su novio, o su primo de Bilbao). Ella se entretuvo probándose unos collares de conchas, mientras que él se fijó en el enorme zanzibareño que se encontraba semitumbado en una amplísima hamaca cruzada entre dos cocoteros, que no se esforzó para nada en tratar de venderles las caracolas, los collares y pendientes que tenía expuestos en tan espartana exposición.

-          Eres de aquí? Le pregunto en un pésimo inglés.

-          Sí, soy del pueblo, esta playa es mía.

-          En serio!!! - dijo el catalán  sorprendidísimo- Toda esta playa es tuya?? - Pregunto atónito.

-          Si, hasta el faro pertenecía a mi familia, ahora es mío.

Al catalán se le pusieron los ojos como chirivías- Y no se te ha ocurrido hacer un hotel?? –Pregunto pensando en el business.

-          Un hotel??? Para que??? Ya hay muchos hoteles en la isla- contesto sin entender que le pasaba a aquel pobre turista, quizás demasiado sol le fundía el encéfalo.

-          El catalán no se daba por vencido, parecía un pit bull zarandeando su presa y no daba su brazo a torcer.

-          Hombre !!! te montas un hotel aquíii, trabajas unos años y te forras a ganar dineroooo.

-          Pero para que???? Preguntaba el aborigen que no entendía nada de nuestra civilización.

-          Pues ganas un montón de pasta con los turistas, con tu hotel y puedes dedicarte a no hacer nada el resto de tu vida y tumbarte aquí en esta playa.

-          El pobre zanzibareño estaba desconcertado. No había oído algo tan absurdo en toda su vida que contaba con unas treinta primaveras.-  Pero que crees que estoy haciendo???- Y levantaba los hombros como iniciando un break dance.

Le arranco la caracola de las manos a la joven catalana, he hizo un gesto como diciendo: circulen, dejen paso y sigan caminando. Se giró dando la espalda al mar y se volvió a tumbar en su hamaca cruzada entre dos cocoteros.                                    
                                                                                FIN

lunes, 2 de abril de 2018


NAUFRAGO EN TIERRA.

                                                                                                         Por Joaquín Verdeguer


Me increpa un conocido preguntándome porque no hago una vida NORMAL. Trabajo, casa, hijos….No tengo trabajo, vivo en un velero y no tengo hijos, ni ganas de tenerlos. De modo que le he contestado llanamente: porque quiero morir con una gran sonrisa en los labios.

Somos lo que comemos me dijo un amigo antropólogo, pero yo no he visto a ningún filete andando. Yo creo que somos sentimientos del recuerdo y es lo único que en definitiva nos llevaremos a la tumba. Si nuestro cuerpo es 65% agua, el otro 35% son vivencias almacenadas en el recuerdo. No me olvido de los últimos días de mi padre, en su silla de ruedas, aferrado a su permiso de conducir de la confederación helvética, alegando que se lo iban a renovar y lo acariciaba porque le proporcionaba bellos recuerdos. Y de recuerdos se trata, me invade la añoranza de zarpar de nuevo. Volver a sentir la brisa con su vaivén y sus rociones. Descubrir nuevos horizontes y gentes extrañas con sus costumbres que difieren de las mías. Escuchar el susurro del agua deslizándose por la carena con sus amaneceres mágicos, acompañado de delfines contorsionistas.

Me siento como un náufrago rodeado de edificios, tiendas y ruido. Quiero volver a esa playa de gravilla, rodeado de columnas marmóreas milenarias, sentado frente a esa mesa con tapete a cuadros azul y blanco con olor a sardinas braseadas, rodeado de gatos piojosos y famélicos. Y en la lejanía percibir el sonido del Bouzouki entremezclado con la suave brisa del verano. Si, amo todas mis vidas vividas, porque todas ellas están repletas de bellos recuerdos, los ingratos desaparecieron como por embrujo, solo me quedan los mejores con olor a salitre. Y sé que en algún momento, aparecerá en el horizonte, un barco para rescatarme y dejar de ser un náufrago en tierra.  FIN

lunes, 19 de marzo de 2018


ORO AZUL A LA DERIVA.

                                                                       Por Joaquin Verdeguer

Hay muchos tipos de oro. Oro negro = petróleo. Oro verde = lúpulo. Oro blanco = cocaína. Pero el oro más preciado es el oro azul. Y muchos os preguntareis y cuál es el oro azul?, pues bien el oro azul es el de la libertad. Si, muchos os echareis a reír, pero desgraciadamente muchos de los que se creen libres no lo son, porque ser libre es más complejo que eso de no vivir en una celda.

Nos creemos libres porque conducimos un bonito coche y sentimos el viento al bajar la ventanilla, pero no nos preguntamos cuantas horas de esclavitud hemos consumido para poder pagarlo y así con todo lo que poseemos. Una verdadera contradicción, pero al fin y al cabo son cosas materiales y cada uno elige lo que quiere hacer con su vida.

Y yo con mi vida, me estaba planteando dejar de ser egoísta y en vez de navegar placenteramente el mediterráneo, dedicarlo a salvar vidas humanas. Con mi velero tratar de rescatar esa pobre gente a la deriva, que arriesga el poco oro azul que les queda. Pero esta mañana ojeando la prensa me encuentro con un artículo de Lucia Márquez titulado EL CRIMEN DE SALVAR VIDAS.  He de reconocer que me ha generado asco, asco por la sociedad que estamos construyendo, por los políticos que nos gobiernan en Europa, por no nombrar los penibles de mi propio país. De modo que me permito transcribir su texto simplificado. Porque este texto no puede quedar silenciado.

EL CRIMEN DE SALVAR VIDAS POR Lucia Marques.

Salvar a decenas de niños de morir ahogados en el mediterráneo puede acabar llevándote a la cárcel…… por tráfico ilegal de personas a tres bomberos sevillanos y otros activistas de distintos países que actuaban como voluntarios de la ONG Proem-AID en el rescate marítimo de refugiados…. Por haber ofrecido dignidad y auxilio a otros seres humanos…… Los activistas se ven primero abocados a realizar las tareas que deberían emprender los poderes públicos…..son perseguidos y criminalizados por librar del naufragio y la hipotermia a víctimas de la barbarie. Por meter su mano en el agua helada y sacar de allí a un cuerpo que todavía respira. Mientras la unión europea…..El caso de estos bomberos no es el único, salvar vidas constituye un crimen…. Helena Maleno está siendo juzgada en Marruecos por ayudar a los migrantes…..cada vez que tiene conocimiento de que una patera ha quedado a la deriva, alerta a los servicios de rescate para que socorran a la embarcación y evita así un desastre fatal para sus ocupantes. Esta perseverancia puede valerle ahora una cadena perpetua……Negar el auxilio supone traicionar a los más vulnerables……Una burla a esos derechos humanos con los que tanto nos llenamos la boca al hablar de democracia y libertades. Es imposible imaginar una quinta parte del sufrimiento de quienes se lanzan al mar en una balsa birriosa esperando encontrar un futuro mínimamente menos terrible que su presente…..un dolor anónimo que se acumula en meses y meses de padecimiento….



Ahora me siento impotente sin saber qué rumbo he de tomar. De modo que voy a dejar que otros más jóvenes con más capacidad y brío hagan cambiar este mundo. Porque para lo poco que le queda a mi alma de estar aquí, es mejor dar el testigo a otros jóvenes luchadores. Y espero que cuando me muera, no vaya yo al cielo y Dios me tenga en su regazo porque lo único que he aprendido de Él, es que es un dios tremendamente cruel.

domingo, 11 de febrero de 2018


ANNE CAROLINE MacPERSON


                                                                                                          Por Joaquin verdeguer

Era el dos de mayo, lo recuerdo perfectamente porque tengo gravado en la retina el cuadro de Goya del mismo nombre. El comienzo del neoclasicismo y le era napoleónica que trajo a una España rural una bocanada de aire fresco, la enciclopedia y la modernidad que no se afincaría hasta 80 años después.

Estaba ahí flotando envuelta en caracolillo, arrastrando un manojo de algas. La fui acercando con el bichero, me recordaba la película “mensaje en una botella” de Kevin Costner. Curioso de leer su contenido aunque no se apreciaba bien que es lo que contenía. Sería una carta de amor?? . No me quería hacer demasiadas ilusiones porque conocía un proyecto que precisamente se dedicaba a escribir cartas con el posicionamiento para saber y estudiar cual era la corriente y trayectoria de esas botellas. Conseguí subirla a cubierta y me quede mirándola un buen rato hasta que Jane me pregunto.

-          La abres, o que?.

La abrí, salió un olor desagradable y aparte la cara con un gesto de asco. Jane estaba tan impaciente que me arranco la botella de las manos y empezó a sacar un plástico negro, había algo dentro pero no sabíamos que era. Le costó bastante sacar la bolsa sin dañarla teniendo los nervios a flor de piel. Abrió la bolsa cortando la parte de abajo con las tijeras con sumo cuidado. Cayó un anillo que empezó a rodar por la bañera y que tuve que parar con el pie, aparte el pie y lo cogí entre los dedos, era un anillo de boda. ¿Quién metería un anillo de oro en una botella?. Era un anillo pequeño probablemente de una mujer. Jane siguió cortando la bolsa aguantando la respiración, contenía una carta, la desenrollo, entonces vi que estaba escrita en inglés. Que suerte mi mujer es anglófona!!. Yo estaba como un flan.

-          Que pone!!!.  Ella me miro inquisitoriamente.

-          Vamos traduce!!!. Me estas poniendo nervioso!.

Ella seguía sosteniendo el papel y su cara se iba ensombreciendo más y más. No pinta bien me dije, pero estaba ansioso como un niño el día de reyes.

-          Venga que dice!!!

Entonces Jane en tono serio empezó a traducir la carta.

                                                                                            Plymouth   7 de octubre de 1993

“Me llamo Anne Caroline MacPerson de Southampton. 18 de Hill avenue.

Hace un par de días he descubierto las infidelidades de mi esposo. Utilizaba nuestro barco para sus encuentros amorosos. George y yo llevamos 20 años de matrimonio. Al principio del verano empezó a ser excesivamente atento y cariñoso, proponiéndome un año sabático, e ir al caribe con nuestro velero. Me cogió por sorpresa y le dije que sí, sería como una luna de miel. Pero ahora temo por mi vida, George hace cosas muy extrañas y creo que ha planeado mi muerte accidental, quedarse con nuestros bienes y volver con su amante. Si alguien encuentra esta botella póngase en contacto con las autoridades Británicas.”

Me quede mirando a Jane atónito. Ella  volvió a enrollar la carta y la introdujo en la bolsa de plástico. Me levante para ver nuestra posición. Faltaban 20 millas para llegar a Santa Cruz.


Después de formalizar el papeleo de atraque en el puerto, fuimos directos a la guardia civil. Nos escucharon con escepticismo y nos informaron que no era competencia de ellos, que fuésemos a la policía nacional. Y fuimos. Nos atendieron muy bien cuando les explicamos por encima lo que había sucedido.


-          Esperen un momento, informare a mi superior. Dijo el policía del mostrador.


Nos recibieron en un despacho un hombre de unos cincuenta años y una mujer joven de unos treinta. Contamos toda la versión y les enseñamos la botella con su contenido. Les sorprendió el anillo. Los dos policías se cruzaban las miradas constantemente.


-          Señor Verdeguer, aunque quisiéramos tomar cartas en el asunto, no le podríamos ayudar. Primero, ustedes han encontrado la botella en aguas internacionales, me dice usted que a unas 20 millas y segundo han pasado 22 años, esto está prescrito y tercero puede tratarse de una broma.


-          Yo también lo he pensado, pero porque iba entonces a dejar su propio anillo de boda? y más siendo de oro.


-          Sí, eso es lo que más nos inquieta. Llamaremos al Consulado por si supiesen de alguna desaparición con este nombre, intentaremos averiguar algo y les mantendremos informados.


Salimos de la comisaria completamente frustrados;  igual éramos presa de una broma pesada. Pero el anillo??.


-          Nos vamos al consulado!! - Me dijo Jane- Yo no me rindo tan fácilmente!!.


Nos costó encontrarlo porque al taxista le aparecía otra dirección y recientemente se habían trasladado. Cuando entramos no sabíamos ni cómo empezar ni a quién dirigirnos. Entramos en una sala donde dos mujeres reían amistosamente, las interrumpimos y les enseñamos la botella, la carta y el anillo. Después de leer la carta no soltaron palabra, se miraron horrorizadas y la más mayor sin decir nada se levantó y se fue carta en mano.


Minutos después apareció ella junto a un hombre de edad avanzada con aspecto de rabino.


-          Pasen por favor. – nos dijo amablemente y nos enseñó una diminuta sala que solo contenía cuatro sillas y una mesa ovalada de estilo Chippendale tapizada en piel de color verde aceituna. No sabíamos quién era el. Tampoco se presentó.


-          La señora Anne fue rescatada en alta mar a 200 millas al norte de Tenerife por un buque portugués que hacía la ruta Lisboa cabo verde. – Dijo en perfecto castellano.- Jane y yo nos miramos incrédulos pensando que habíamos sido víctimas de una broma pesada.


-          Pero entonces que significa todo esto?- le pregunte.


-          Tengo mis dudas, pero ella dijo en su declaración que su marido había caído al mar. Dio un MAY DAY por radio ya que afirmaba no saber navegar, fue rescatada por el buque portugués y nosotros enviamos a un marinero que trajo el velero a puerto que ella mismo vendió. Después de formalizar los trámites volvió a Gran Bretaña.


-          Si pero no me cuadra.- le dije mosqueado.


-          Le entiendo, pero no podemos hacer nada. Trataremos de contactar con la señora Macperson para devolverle el anillo. Déjennos sus datos y un número de teléfono de contacto y si averiguamos algo se lo haremos saber.


Nos despedimos y salimos de la reunión con cierta frustración, nos sentíamos engañados, pero seguíamos pensando que aquello no tenía sentido, fallaba algo.


-          Vamos olvídalo.- Le dije a Jane- Ya hemos perdido bastante tiempo.


Pero la verdad es que no podíamos olvidarlo.


Volvimos a Valencia en Octubre después de siete meses de navegación. Sobre la mesa había un montón de cartas que mi hermana había depositado en nuestra ausencia. La mayoría eran de bancos.


-          Nos ha escrito Alisson. - le dije a Jane ofreciéndole una carta con el timbre de la reina Elizabeth de Inglaterra evidentemente. Lo di por obvio sin leer el remitente.


-          Es de Anne Caroline Demprey.- Me dijo Jane, que la sostenía y leía con más detenimiento. Se me pusieron los ojos como platos. Otra vez ella !!. Justo cuando habíamos conseguido olvidarnos del tema y pasar página. Jane abrió la carta y empezó a leerla en voz alta frente a mí, buscando una silla para sentarse, al verla, yo hice lo mismo. Sin dejar de escuchar.


                                                                                    Londres 3 de septiembre de 2015



Estimada pareja.



Después de tantos años, nunca creí que alguien encontrase una de las tres botellas que lance al mar en esos días de desesperación. El consulado Británico de Santa Cruz se puso en contacto con migo y creo que os debo una explicación.



Pasado el cabo de san Vicente rumbo a Madeira, el tiempo empeoro, George había planeado tirarme al mar aprovechando el mal tiempo, alegando un descuido por mi parte, lo utilizaría como coartada. Sería difícil no creerle, estos accidentes ocurren constantemente. En cierto modo yo me lo figuraba, por ello siempre estaba atenta, para que él no me cogiera por sorpresa. Infravalore a mi marido cuando lo vi apuntándome con una pistola. ¿De dónde la había sacado?. Las olas de través mecían el barco con brusquedad, pero él seguía apuntándome. No lograba gobernar el barco, así que puso el piloto para tener las manos libres y poder disparar. Entonces vi que no se trataba de una pistola convencional, era la pistola que usamos para disparar las bengalas. Sonó la detonación y la bengala no me impacto, paso rozándome el cuello. El propio retroceso del disparo hizo que George perdiese el equilibrio que junto al balanceo del barco hizo que él mismo cayese al mar. Yo estaba muy aturdida y asustada.


Tarde mucho en reaccionar, cuando lo logre, el velero ya se encontraba lejos del punto de caída, no lograba verlo. Fue cuando active el May day para que alguien nos rescatara. Los servicios de rescate peinaron la zona durante tres días sin éxito. Fui rescatada por un barco portugués, el resto ya lo conocéis.


No quise contarle a la policía lo que de verdad ocurrió, ni lo de la infidelidad. Solo dije que había caído al mar por el temporal. A mi vuelta a Inglaterra recupere mi apellido de soltera. Quería empezar una vida nueva. Estoy segura de que lo entenderéis.


Me complace que os quedéis mi anillo, yo no sabría qué hacer con él.


                                                                                     Atentamente        Anne.


Jane giro el sobre y sobre la palma de su mano se posó el anillo.


-          Que piensas hacer ?.  Le pregunte


-          Creo que me lo voy a quedar en su recuerdo. Y se lo inserto en el dedo.


A fecha de hoy lo sigue llevando.


                                                                        FIN


                                                          
















miércoles, 10 de enero de 2018




MI MARIDO ME ENGAÑA

                                                           Por Joaquin Verdeguer. Basado en hechos reales.


Conocí a Vicente en el 2000, Un hombre bajito lleno de vitalidad que gesticulaba más que un molino de viento. Se dedicaba a la compraventa de barcos. En una ocasión, sabiendo que yo andaba buscando un velero, me pregunto si quería acompañarlo hasta Marsella. De ese modo él no viajaba solo y yo podría aprovechar y ver alguna oportunidad.

Yo no encontré nada que se adaptara a mi escaso presupuesto, pero Vicente si encontró lo que buscaba, opto por volver con el velero y llevarlo hasta Alicante donde estaba su cliente. Yo por no volver con el tren, decidí acompañarlo de vuelta y navegar con aquel 28 pies.

A las pocas horas de haber zarpado, nos alcanzó una fuerte lluvia, que me dejo empapado al poner dos rizos en la mayor. Uno de mayo y sin embargo estaba tiritando, Vicente puso piloto y nos refugiamos en el interior, me quite parte de la ropa y me cubrí con una manta medio roída. Vicente preparo café con destreza de funambulista para que entrara en calor. Todo olía a café, uno se sentía como en casa mientras las olas lamian la cubierta y el viento jugaba entre la jarcia. Pese a la incómoda singladura Vicente sonreía y se le veía feliz. Doblando el cabo de Rosas el viento amaino y la mar empezó a quietarse. Salimos a cubierta agradeciendo el aire fresco y quedamos en la diminuta bañera. Yo seguía envuelto en la manta como royito de primavera, Vicente no paraba de contarme anécdotas de su juventud, como conoció a Marta su esposa, lo felices que fueron, la llegada de David y de Ana sus hijos y lo bien que lo pasaban a bordo de su velero MATILDA  con los niños saltando desde la proa. Le brillaban los ojos, sus palabras estaban llenas de vida, de satisfacción por el tiempo consumido, me transmitía felicidad y yo me alegraba por él. Se notaba que era un hombre libre de malos pensamientos, que disfrutaba de su entorno. Pasar las horas a su lado escuchándole me reconfortaba más que el propio café matutino. Al llegar al Hospitalet del infante el fuerte Cierzo  con 90/100 km/h. Unos 50knt nos impidió cruzar el delta. Vicente decidió entonces hacer entrada en puerto, a palo seco, el velero daba unos tremendos pantocazos y a todo motor apenas avanzábamos un nudo. Por la noche calmó y decidimos continuar nuestra singladura, Vicente llamo a su mujer para contarle lo sucedido y que tardaríamos un día más en llegar a valencia, ella parecía acostumbrada  a lo inesperado, a los retrasos, a los caprichos de Poseidón. Un día en una cena entre amigos, Marta le contaba a su amigo Valentín (Valentín era sargento de la guardia civil, íntimo amigo de Vicente, habían estudiado juntos en el colegio).

-          Sabes ?  Vicente cuando tiene un hueco sale a navegar, incluso de noche. Si tiene el día libre, sale a navegar. MI MARIDO ME ENGAÑA CON BARCOS !!!.

Aquella frase me hizo reír y quedo bien gravada en la memoria. Llegamos bien entrada la noche a Valencia y después de despedirnos prometimos seguir en contacto. Coincidimos varias veces, nos veíamos en el club náutico y de vez en cuando nos tomábamos una cerveza juntos. Pasaron los años y los encuentros se fueron reduciendo, no por desinterés mas bien porque nuestras vidas iban cambiando, yo me fui a vivir a Londres.

Esta mañana por casualidad lo he vuelto a ver, en el espigón sur, mirando en el horizonte, quieto. Lo he reconocido inmediatamente, con su infatigable parca, su gorra de marinero azul cobalto y las piernas abiertas como buen marinero.

-          Vicente !!  le he gritado dándole un fuerte abrazo.

Pero Vicente apenas ha reaccionado, me ha mirado con sus ojillos lagrimosos, y me ha preguntado quien era, al principio he pensado que no me había reconocido, pero después de cruzar cuatro palabras he descubierto que parte de su alma ya no estaba aquí. Me ha sonreído mirándome, quizás tratando de entender, le temblaba la barbilla y sus ojos se humedecían, volviendo la mirada al mar. Solo me ha dicho una palabra. MATILDA.

                                                                                   FIN

lunes, 1 de enero de 2018


CENAMOS A LAS 10 


                                                                                                                           Por Joaquin Verdeguer


Hace unos días salimos a cenar con unos amigos que a su vez venían con otros amigos, una pareja agradable que nos querían conocer. Habían sabido de la construcción del barco, pero sobre todo porque empezaban en el mundo de la vela. Ella, más escrupulosa quería un mega yate y vivir la vida marinera al estilo Hollywood. El, más aventurero quería una vida bohemia. Yo pensé que estaban un poco verdes y lejos de la realidad, se notaba que no visualizaban el mismo árbol.

Este tipo de proyecto de vida ofrece mucho, pero con la misma fuerza exige. No suelo tomar las decisiones a la ligera y si me entrego en un proyecto lo hago apasionadamente y con determinación. Tome la decisión en un momento de mi vida en el que era necesario un cambio. No siempre los cambios son sencillos, generan confusión, duda he incluso miedo. Pero también es una parte interesante de la vida, implica superación y si se hace con destreza se llega al final con su consabido premio. Afrontar un proyecto de este calibre en soledad asusta pero también atrae, fortaleciéndote en cada parámetro. La ventaja de tomar las decisiones en soledad es que te permiten ganar tiempo.

Se sorprendieron al saber que no existe el aburrimiento, dudando que tras tantas horas en la mar si uno quiere un buen trimado no hay descanso, la actividad es permanente y nunca estas solo, te acompaña la mar, la brisa, las aves, las ballenas, los delfines. Estas en comunión con la vida, la naturaleza y tu barco. No necesitas nada más, plenitud es el sentimiento, intensidad y harmonía, tan cerca de todos los elementos. La mayor tristeza no es estar solo, es no poder compartir tanta belleza, tanta pasión.

En alta mar la soledad quiere conocer tus límites en estado puro. Te puedes sorprender de las cosas y momentos que eres capaz de resolver, más de lo imaginable. Afrontar la dificultad cuerpo a cuerpo te permite descubrirte a ti mismo, te ofrece la esencia. La soledad en este estado es incluso una terapia. Descubres la verdad de tu entorno para poder apreciar mejor tu propia existencia, tu vida y tus amigos. Es de la misma forma que la música se aprecia con el silencio, que la vida se aprecia con la soledad. Uno gana confianza en sí mismo, pero como todo en la vida, hay que querer. Y para querer, hay que tener madera. Y en el bosque no todo son robles.

domingo, 24 de diciembre de 2017


Yo hablo con mi barco   


                                                                                                                                Por Joaquin Verdeguer


Hace apenas unas semanas estuve leyendo una autobiografía de Janne Grégoire y de Ellen MacArthur. Decían que en ciertos momentos de sus travesías ellas hablaban con su barco, como si fuera un secreto o algo irracional. Que tiene de raro?  Yo hablo constantemente con el mío, de lo más normal. Tenemos unas conversaciones que fluctúan en lo íntimo, en la desnudez, sin tabús, sin mentiras. Una relación pura de padre a hijo. De amigo a amigo. De amante. No escondemos nuestros sentimientos. Mi barco conoce todos mis secretos y yo conozco todos los suyos. Me ha visto reír de gozo, tras superar una difícil prueba. Me ha visto sonreír al vislumbrar tierra en el horizonte tras un largo periplo. Me ha visto llorar de alegría y emoción al despuntar un bello amanecer venciendo la noche tormentosa. Que estoy loco ?. Bendita locura. Porque no voy a ceder. Mi barco es mi mejor amigo, nunca me decepciona. Siempre se preocupa de mí, acompañándome a los destinos  más inverosímiles, juntos, codo a codo.  Lee mi mente, fiero, elegante, noble y campechano a la vez como un padrino llevándote al altar. Siempre al pie del cañón.  Porque es cierto, los barcos aguantan más y mejor que las personas.  Pero no se lo digáis a nadie probablemente no lo entiendan.